¿Y Si Le Dedicamos Más Tiempo a la Familia?

By on April 10, 2014

La tormenta hizo que viajar se tornara arriesgado y casi imposible. Las actividades regulares habían sido suspendidas durante tres días. Las escuelas, incluso las universidades, estaban cerradas. Muchos negocios habían cerrado también. Algunas personas estaban frustradas por el inconveniente y la interrupción de su rutina diaria. No así Elizabeth, una niña de ocho años. Ella estaba feliz. Ambos padres estaban con ella en casa. No podían ir a trabajar o hacer diligencias, de manera que encendieron un hermoso fuego en la chimenea, leyeron historias y jugaron. Exploraron el mundo externo cubierto por la nieve, comieron palomitas de maíz y tomaron chocolate “tanto como querían”. Al derretirse el hielo y terminar los tres días de hibernación, Elizabeth dijo a sus padres: “Estos han sido los mejores días de mi vida”.

Cuando se les pregunta a los niños qué es lo que les parece más importante para tener una buena familia, la respuesta que más abunda no es el dinero, los autos, una bella casa o televisores, sino “hacer cosas juntos”.

Planifiquemos cómo pasar un buen tiempo juntos

Pasar tiempo juntos no ocurrirá automáticamente. Ninguna compañía le pagará para pasar tiempo con sus seres queridos, de manera que es importante que haya planificación.

Sara y Juan, dos amigos muy cercanos a nuestra familia, que estaban en crisis, aprendieron que la mejor manera de relajarse era hacer cosas fuera de la casa. De manera que decidieron dedicar un período de dos horas fuera de casa una vez por semana. Compartieron actividades y pasaron tiempo juntos. Simplemente comenzaron con una caminata, luego decidieron salir juntos a ayudar a vecinos ancianos del barrio, pasaron las mejores horas de la tarde en el patio de la casa, conversando o simplemente en silencio. Y con el paso de los meses comenzaron a conocerse más, a indagar en las necesidades del otro, a crecer en la amistad y a sentirse satisfechos en su relación. Eso salvó su matrimonio.

Otra idea: James Dobson, fundador y director de la organización Focus on the family (Enfoque a la familia), menciona que una de las características de las familias saludables y fuertes es que acampan juntos. Acampar parece contribuir al fortalecimiento de las relaciones en el círculo familiar debido a los desafíos que nos presenta la naturaleza. Juntos nos mojamos, juntos vamos a cortar leña para hacer el fuego, juntos comemos comida que, aunque no sabrosa, ha sido el resultado del esfuerzo de todos, juntos nos pican los mosquitos, juntos pasamos calor, humedad, frío.

El buen humor

El sabio Salomón expresa esta misma idea en las siguientes palabras: “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos” (Proverbios 17:22). El humor y la diversión no solo enriquecen nuestro tiempo libre, también contribuyen a nuestra salud física y emocional.

Norman Cousins, en Anatomy of an Illness (Anatomía de una enfermedad), nos cuenta que él tenía una enfermedad incurable. Con la ayuda de un médico organizó un programa de humor, distracción y risas. Leyó libros cómicos, alquiló películas de Charles Chaplin, y pasó tiempo con amigos a quienes les gustaba reír. ¿El resultado?: se curó. El psiquiatra William Fry, de la Universidad de Stanford, informó que “el buen humor es un beneficio tremendo para la salud física. La risa establece el ritmo del pulso, activa los músculos, enerva la circulación de la sangre e incrementa nuestra capacidad de tomar oxígeno”. Todos estos efectos igualan los beneficios del ejercicio físico. Pero lo más importante es que la risa contribuye en forma significativa a nuestra relajación física.

La “sorpresa”

El factor “sorpresa” siempre es estimulante para la pareja. Agudicen el ingenio y hagan aquello que más sorprenderá agradablemente al cónyuge. Un regalo inesperado, un viaje improvisado, una ayuda no esperada (que el esposo lave los platos, tienda la cama y pase la aspiradora, cuando jamás lo hace, es una sorpresa muy agradable para cualquier esposa).

Tiempo con Dios

Dios, el Creador, estableció una cita periódica con nosotros, sus criaturas. Al concluir la semana de la creación, decidió agregar un día para que él y nosotros pudiéramos disfrutar del compañerismo mutuo.
Dios nos invita a que tomemos un día en la semana para contemplar su obra creadora. Nuestro trajín es tan intenso que a veces no tomamos tiempo para meditar y reflexionar sobre nuestro curso de acción en la vida. Por eso Dios ha apartado tiempo para que así hagamos.
Como nuestro Creador, Dios sabía que requeríamos tiempo para recobrar nuestra energía física, emocional y espiritual. Por ello nos indica en las Escrituras que separemos ese día para descansar. “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el  día de reposo y lo santificó” (Éxodo 20:8-11).

Jorge Mayer es consejero matrimonial y autor del libro El hogar que yo soñé, además de varios artículos sobre la familia publicados en varios idiomas. Escribe desde Atlanta, Georgia.

Imagen: “Comedy mask” by ArtVenture student Aqsa S.

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