Voluntariado en Cuba: más allá de una experiencia laboral y académica

By on August 8, 2019

Una de las razones por las que participé como voluntaria del programa Study Abroad, organizado por la universidad de Western en convenio con la universidad de Holguín en Cuba, fue desarrollar mis competencias laborales en un contexto diferente al aula de clase canadiense para ponerlo en mi currículum vitae. La experiencia que tuve desde antes del viaje a Holguín, Cuba hasta que nos regresamos a London, Canadá fue toda una odisea porque siempre hubo tareas, tareas a las que yo llamo “chicharrones”, que me forzaban a salir de mi zona de confort porque debía actuar y ver las cosas desde otra perspectiva. Chicharrones como cerciorarme de que los estudiantes me enviaran la documentación necesaria y completa antes del viaje, mientras yo trataba de sacar adelante mis cursos en la universidad y otros compromisos académicos; comunicarme constantemente con los coordinadores locales antes y durante el viaje; escuchar y tomar decisiones con ellos respecto a los casos de algunos estudiantes; entre otros; fueron los que hoy en día me hace pensar que logré la meta de adquirir experiencia laboral en otro país durante mis estudios doctorales y, más allá de eso, una experiencia de vida. 

En Cuba, aprendí mucho más de que lo que esperaba. Tuve la oportunidad de conocer un poco sobre el contexto social y político del país desde mi experiencia y a través de las conversaciones informales que tuve con algunos cubanos. También tuve la posibilidad de interactuar con los estudiantes de las universidades de Western y de Waterloo quienes participaron en el curso de verano, ya fuera para tomar un curso de español o de aspectos relacionados con la cultura, alimentación o geografía cubana. Cada uno de ellos me enseñó algo: palabras o expresiones en su lengua materna, hábitos de estudio, lugares turísticos, fotografía, literatura, gastronomía, sentido de orientación —que por cierto no soy muy hábil—, comunicación, paciencia y, sobre todo, madurez. 

En cuanto a los estudiantes, ellos también adquirieron una experiencia académica y, más allá de eso, una experiencia de vida: de conocimiento personal y de apertura hacia la cultura de un país del Caribe. Todos se esforzaron bastante por progresar en sus competencias hacia la lengua española: lectura, escritura, habla y escucha. Armaron sus grupos de estudio o estudiaron individualmente para sacar buenas notas. Algunos iban en sus horas libres a la casa donde me hospedaba o a la de sus compañeros de clase para consultar aspectos gramaticales. Sus hábitos de estudio eran sorprendentemente rigurosos. 

Pero no todo fue color de rosas, en las primeras dos semanas algunos tuvieron dificultades y se frustraron porque no entendían  a los cubanos. Algunos estudiantes me dijeron:  “Hablan muy rápido”, “mueven mucho las manos y los hombros mientras hablan”, “no sé si prestarles atención a lo que dicen o a sus gestos corporales”, “me intimida cuando la profesora me mira directo a los ojos por mucho tiempo mientras habla”, “me sirven mucha comida en el desayuno: huevo, pan, queso, frutas, jugo y chocolate”, “no entiendo por qué a veces no hay pollo o camarones en el restaurante”, “no entiendo por qué la gente trae tantos televisores de alta gama a Cuba”, etc. Pero a finales del mes, ellos mismos se dieron cuenta de que ahora podían entender la idea general en otra lengua que no fuera la de ellos, que podían comunicarse de manera más espontánea y con más fluidez sin tener que intimidarse en hacer contacto visual, que los alimentos y los aparatos electrodomésticos importados dependían de la situación política de Cuba y otros países, entre otras razones. Los estudiantes, al igual que yo, aprendieron bastante de la situación económica, política y social de Cuba, bien sea por vivencias personales, por los discursos impartidos por los profesores de la universidad o por los amigos que habían hecho. De todo se aprendió un poco en Cuba. Estoy segura de que esta experiencia de inmersión valió la pena para ellos. Y, para mí, el voluntariado en Cuba me ayudó a ver las cosas desde otras perspectivas y a tratar de entender a las personas y a mí misma en distintas situaciones. 

TA: Dewi Sekar Sariningrum Heru

Estudiante de doctorado en Estudios Hispánicos de la Universidad de Western, segundo año.

Fotografía tomada por Sariningrum Heru el día miércoles 22 de mayo. Clase de español intermedio 2200 en el parque Infantil – Holguín, Cuba. 

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