¡Volemos!, propongámoslo hoy …

By on July 11, 2014

En estos momentos me viene a la mente el libro titulado Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach, difícilmente he olvidarlo.  Entre admiración y gusto por esa gaviota que se mostraba sustancialmente distinta, que luchaba sola contra la mediocridad, y cuyo único pesar – al decir del autor –, no era su soledad, sino que las otras gaviotas se negasen a creer en la gloria que les esperaba al volar; que se negasen a abrir sus ojos y a ver.  Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer.  Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar.  “Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar”.

Me parece verme a mi y a otros en el relato. En nuestros estudios, trabajo o aspiraciones revelamos pertenecer a uno de dos grupos: el de los que se someten a sus auto-impuestas limitaciones, o el de los que las traspasan y las vencen.  Podemos también, pasar de un grupo a otro.  El primero, incluye a los de la ‘bola, los del montón, el ‘hombre-bulto’ que cree que cumple con la vida y con la gente porque hace lo que tiene que hacer.  Al segundo grupo, pertenecen los otros, los pocos, los iluminados, que no son necesariamente filósofos ni excéntricos, sino gente que hace más, porque ama más.

No basta haber concretado una vocación y estar trabajando en ella.  No basta con haber venido a Canadá y ahí paro la cosa. No basta hacer lo que debe ser hecho.

Lo que importa, es volar ‘más’ alto, subir y comprender –como diría Richard Bach– el significado de la bondad y el amor’.  Sólo así, valdrá la pena haber estudiado, y haber trabajado, haber vivido … haber venido a Canadá.

Todos los días en la sala de redacción de La Jornada recibimos un promedio de 100 – 120 emails por día, todos con variados asuntos. Estamos plagados de malas noticias, ¿no es cierto? Pero de vez e cuando llega contenido estimulante y alentador. Debo confesar que no soy adepto a mandar o forward emails en cadena y ahora menos con la famosa anti-spam law. Sin embargo, recientemente recibí uno que me interesa compartir con ustedes; así que aquí les va, se titula Hoy Me Propongo …

SER FELIZ — Expulsaré de mi espíritu todo pensamiento triste.  Me sentiré más alegre que nunca.  Nada lamentaré.  Hoy agradeceré a Dios la alegría y felicidad que me regala.

AJUSTARME A LA VIDA — Aceptaré el mundo como es y procuraré  encajar en este mundo.  Si sucede algo que me desagrade, no me mortificaré ni me lamentaré.  Agradeceré que haya sucedido porque así se puso a prueba mi voluntad de ser feliz.  Hoy seré dueño de mis sentimientos, de mis impulsos.  Para triunfar he de tener dominio de mí mismo.

TRABAJAR ALEGREMENTE, con entusiasmo y pasión.  Haré de mi oficio una diversión.  Comprobaré que soy capaz de trabajar con alegría.  Marcaré los pequeños triunfos y sacaré provecho de cualquier fracaso.

SER AGRADABLE — No criticaré a nadie.  Tan pronto me vea tentado a criticar los defectos de mi circunstante, me esforzaré  por resaltar sus virtudes (todos tenemos alguna).  Hoy evitaré las conversaciones y discusiones desagradables.

ELIMINAR DOS PLAGAS: LA PRISA Y LA INDECISIÓN — Hoy viviré  con calma, con paciencia, porque la prisa es el principal obstáculo hacia una vida feliz y triunfante.  No permitiré que la prisa me acose ni que la impaciencia me abrume.  Tendré confianza en mí mismo.   Hoy le haré frente a todos los problemas con decisión y valentía, y no dejaré ninguno para mañana.

NO TENER MIEDO — Actuaré valientemente.  El futuro me pertenece.  Hoy tendré confianza en que Dios ayuda a los que luchan y trabajan.

NO ENVIDIAR a los que tienen más dinero, más belleza o más salud que yo.  Contaré mis bienes y no mis males.  Compararé  mi vida con la de los otros que sufren más.

RESOLVER SÓLO LOS PROBLEMAS DE HOY —   Me ocuparé del hoy y no “del mañana”.  Cristo dijo: “Basta el día su afán”.   Hoy tendré un programa a realizar y si algo se queda sin hacer no desesperaré.  Lo haré mañana.

NO RUMIAR EL PASADO — No rumiaré los agravios e insultos.  Practicaré la ley del perdón.  Asumiré mis responsabilidades y no echaré la culpa de mis problemas a otras personas.  Hoy comprobaré que Dios me ama y me premia con su amor.

HACER UN BIEN A ALGUIEN — ¿A quién?  A quien Dios me ponga en mi camino.  Seré cortés y generoso.  Trataré  de pagar el mal con el bien.  Al llegar la noche dormiré confiado al comprobar que Dios me premió con un día de plena felicidad…

Y DE MAÑANA HARÉ OTRO DÍA COMO HOY.

-Anónimo, adaptado.

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