Sin envidia y sin envidiar

By on December 13, 2013

Qué puedo compartir con ustedes en esta última edición del año? Quizás decir lo que ya expresó el poeta Amado Nervo: Vida nada me debes, vida estamos en paz!

Los invito a hacer un recuento de lo logrado, de lo alcanzado. De donde nos hayamos quedado cortos. Lo que hicimos y dejamos de hacer. De los triunfos y de los sinsabores. Pero sobre todo de lo aprendido.

En esta ocasión pretendo compartir con ustedes un par de poesías que, en esta época del año, hacen mucho eco con un servidor. Estas líneas tiene mucho que ver con nosotros mismos …

Fray Luis de León (1528 – 1591), fraile agustino, descendiente de judíos, fue profesor de la Universidad de Salamanca y gran poeta religioso.  Cantó a la naturaleza, a la soledad y a Dios.

Se cuenta que después de salir de la cárcel, donde estuvo cinco años preso por la Inquisición, volvió a sus discípulos y comenzó  su clase con estas palabras: “Cómo decíamos ayer . . . “  Es una hermosa leyenda que muestra el espíritu generoso de Fray Luis.  Aquí compartimos con el lector dos poesías de este sabio hombre de Dios:

 

Al salir de la cárcel

Aquí la envidia y mentira

me tuvieron encerrado:

dichoso el humilde estado

del sabio que se retira

de este mundo malvado:

y con pobre mesa y casa

en el campo deleitoso

con sólo Dios se compasa

y a solas su vida pasa

ni envidiado ni envidioso.

 

Vida retirada

¡Qué descansada vida

la del que huye el mundanal ruido,

y sigue la escondida

senda por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido!

Del monte en la ladera

por mi mano plantado tengo un huerto,

que con la primavera

de bella flor cubierto

ya muestra en esperanza el fruto cierto.

El aire el huerto orea,

y ofrece mil olores al sentido,

los árboles menea

con un manso ruido,

que del oro y del cetro pone olvido.

 

¿Qué es la Navidad para nosotros? ¿Qué clase de Navidad es la nuestra?  Decía un editorial de un periódico latinoamericano: “. . . apenas pasadas las horas de grata recordación, y las escenas familiares que nos traen en una hermosa resurrección, las escenas del maravilloso portal de Belén, los hombres vuelven a sus pequeños intereses, a sus viejas incomprensiones, y todo regresa al cauce del turbulento río de esta vida inquieta del mundo actual. ¿Por qué?”

Esa es la pregunta del editorialista: “¿Por qué?”  Pasado el día de la Navidad volvemos a nuestras cosas rutinarias, a nuestras pequeñeces, a nuestros egoísmos. ¿Por qué?  Porque vivimos materializados, porque nuestro interés en las cosas espirituales o es muy débil o es nulo.  Porque la Navidad más que un recuerdo potente y regenerador ha llegado a ser una tradición difusa e incolora.  Porque no pensamos que el Niño del pesebre bajó a este mundo para morir por nosotros.  Volvemos a nuestra rutina porque en nosotros no hay gratitud hacia el sacrificio hecho por el Nazareno.  Volvemos a esa rutina porque carecemos del verdadero amor cristiano: amor hacia Dios y amor hacia el prójimo . . . amor hacia los que nuestras emociones y relaciones de rigor han marginado. . . por equis razón.

Pensemos en ese bendito ¿por qué?

Que sea este tiempo un momento de reflexión, de encuentro con nosotros mismos y con nuestro creador.

C’mon. Digamos Merry-Christmas y no solo Happy Holidays.

Feliz navidad a todos nuestros los lectores y amigos!

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