Seamos Veraces

By on February 14, 2014

LA VOZ.

Señor . . . ¿quién morará en tu monte santo?  El que. . . habla verdad en su corazón (Salmo 15:1,2)  

Según estudios del psiquiatra Sandor S. Feldman, las personas que más insisten en afirmar que son veraces, por lo general son las que más libertades se toman para mentir, si así les conviene.  Estudios psicológicos conducidos por investigadores de tres universidades norteamericanas, demostraron que “la falsedad y el fraude no sólo se usan con frecuencia sino que son necesarios y hasta mandatorios; y que en la conversación cotidiana, la honestidad y la veracidad, no son siempre la mejor póliza”. ¿Qué ventajas ofrece la mentira y cuáles brinda la verdad?

Hace muchos años, Juan Kant –pastor y profesor de teología en la ciudad de Cracovia (Polonia)– cruzaba un bosque, cuando fue asaltado por una banda de ladrones, armados con sables y cuchillos.  Sorprendido, Kant bajó de su caballo y les dio el dinero que llevaba.  “¿Nos lo ha dado todo?”, preguntó imperativo el jefe del grupo.  “Sí”, contestó Kant.  Y los hombres se marcharon.  Sin embargo, más tarde se acordó de que en otro de sus bolsillos portaba unas monedas de oro, así que, desandando el camino, fue tras los ladrones para decirles que les había mentido, que llevaba más dinero; y les dio las monedas de oro.  Pero ninguno osó tomarlas.  Mirándose unos a otros, asombrados y conmovidos, le devolvieron todo lo que le habían quitado, y sólo le pidieron su bendición.

En nuestros días –y probablemente en los de Kant– uno encuentra pocos casos de honestidad y veracidad semejantes.  Estudios psicológicos conducidos por los investigadores de tres universidades norteamericanas demostraron que “la falsedad y el fraude no sólo se usan con frecuencia sino que son necesarios y hasta mandatorios, y que en la conversación cotidiana, la honestidad, la veracidad, no es siempre la mejor póliza”.

Pero, amigo lector, la popularidad de la mentira no la convierte en verdad.  Y tampoco la justifica a los ojos de Aquel que sólo permitirá en su Presencia al que “habla verdad en su corazón” (Salmo 15: 2).

Dios tiene paciencia con nuestra confusión moral, y ha prometido que su Santo Espíritu guiará a los que no saben distinguir entre el bien y el mal, de modo que aprendan a hacerlo y adquieran amor por la verdad.   Pero, nos apresuramos a añadir algo más:  en los dos últimos capítulos de la Biblia se nos advierte que “todo el que ama y hace mentira” no podrá entrar en el reino eterno (Apocalipsis 22:15). ¡Amemos la verdad!

 

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE NUESTRA LENGUA 

Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto (Santiago 3:2)

Estos mandamientos para la lengua los encontramos en un viejo archivo de La Voz de la Esperanza.  No se especifica autor –¿acaso de la pluma del Dr. Braulio Pérez Marcio?–:

1.  No esparcirás chismes (Proverbios 18:8).  Antes de contar un chisme a otra persona, sometámoslo al mismo tratamiento que un ama de casa da a una fruta al preparar un dulce: primero la pela; luego la divide en partes; a continuación le saca el corazón o las partes que no va a utilizar, y finalmente endulza con generosidad las partes que va a usar.

2.  No pronunciarás palabras ociosas (Proverbios 10:19).  Tu lengua revela la calidad de tus pensamientos y de tu carácter.  “El médico conoce la enfermedad del paciente al examinar su lengua –declaró Justino– , y los filósofos las enfermedades de la mente”.  Y Jesús nos amonesta: “Pero sea vuestro hablar: sí, sí, no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” (S. Mateo 5:37).

3.  No te alabarás a ti mismo (Proverbios 27:2).  Una persona sin valor se alaba constantemente para llamar la atención a sí misma.  La persona verdaderamente grande trabaja quieta y silenciosamente, encendiendo el rayo de la luz que pueda conducir la embarcación al puerto seguro.

4.  No dirás adulaciones (Proverbios 26:28).  “La adulación –ha dicho alguien– es como la espuma del jabón: el noventa por ciento es aire”.  Esta afirmación es completamente correcta.  Las palabras de los que adulan, según el salmista, cuya experiencia y sufrimientos fueron notables, son más suaves “que el aceite, más ellas son espadas desnudas” (Salmos 55:21).

5.  No murmurarás (Filipenses 2:14).  La medicina para esta enfermedad es llenar nuestra vida de amor y generosidad; que entren éstos por nuestros poros, y nos harán más fuertes, más compasivos, más atrayentes, más constantes, más útiles, y completamente inmunes contra las murmuraciones destructivas y las preocupaciones, las cuales, a semejanza de las termitas que destruyen las casas, arruinan el alma.

6.  No calumniarás (Salmos 64:3).  La lengua que calumnia y difama es un azote que debilita las iglesias, arroja corrientes de murmuraciones que llevan a las cortes de divorcio, llenan las cárceles de gente miserable y arrojan a las almas al reino de Satanás.

7.  No harás burla ni escarnio a persona alguna (Job 11:3).  Aprendamos a simpatizar con los demás y a dar nuestra ayuda en lugar de burlarnos de los otros, no importa cuán raros o peculiares nos parezcan.  Recuerda que los ángeles, bajo diferentes aspectos, visitan la tierra.

8.  No dirás mentira (Éxodo 20:16).  Un ventrílocuo pronunció la primera mentira en el jardín del Edén (Génesis 3:4).  Desde ese momento en adelante la mentira se esparció como una plaga por toda la tierra.  Todos aborrecen la lengua mentirosa.  Los científicos han inventado una máquina para detectar la mentira, pero ésta sigue y seguirá floreciendo hasta el final.

9.  No blasfemarás (Éxodo 20:7).  La profanación es el lenguaje oficial del reino del mal.  No participes de él porque te descalificará para entrar en el reino de los cielos.

10.  No discutas con soberbia (Oseas 7:16).  Cualquiera que sea la provocación, recuerda que “el silencio es oro”, y que “la blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1).

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