Patrimonio Cultural Intangible: Pensar Venezuela Desde Otra Mirada

By on September 18, 2017

Quien alguna vez haya subido por el Teleférico de Caracas hasta la cima del Ávila, el cerro que define el paisaje de la ciudad, sabe que tras unos pocos metros de empezado el ascenso, hay un punto en el que, como por arte de magia, el bullicio urbano desaparece por completo. El silencio se hace perceptible, magnificando aún más la vista suntuosa de la selva sobre la que parece ir volando. Por algún motivo, el recuerdo de esta experiencia audio + visual ha vuelto una y otra vez a mi mente en estos últimos tiempos, en los que las imágenes que nos llegan desde Venezuela son de una naturaleza completamente distinta.

En el intento de explicarme a mí misma la recurrencia de ese recuerdo, rememoré también la noción de patrimonio cultural intangible, una idea sobre la que hace algunos años investigué, tras haber participado en la producción de un documental sobre patrimonio cultural intangible venezolano que se presentó ante UNESCO. De acuerdo a esta entidad, la noción se refiere a las tradiciones orales, rituales, eventos festivos, representaciones, conocimientos y prácticas sobre la naturaleza y el universo, así como también a los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales asociados a una comunidad, a un grupo o incluso a individuos que los reconocen como parte de su patrimonio cultural.

Pienso que poco tiene de casual que mi memoria elija deslizarse hacia donde lo hace: resisto el que se me imponga pensar a Venezuela desde la violencia y en términos puramente maniqueos, y creo que es imperativo evitar que la imagen de Venezuela se transforme en un estereotipo. Lo que allí está sucediendo es innegable –el abuso indetenible por parte de un poder corrupto y la degradación de las instituciones democráticas, la crisis económica y sus graves consecuencias humanitarias—pero es preciso pensar que Venezuela es mucho más rica que su petróleo, es menos estrecha que la retórica provocativa de su presidente e infinitamente más amplia que el encuadre de la foto que nos muestra a jóvenes encapuchados resistiendo la represión policial. Reducir la situación actual a una explicación dicotómica y a una serie de imágenes atractivas, pero no por ello menos simplificadoras, es contribuir a la imposición y perpetuación de los estereotipos de los que los latinoamericanos no somos para nada ajenos.

 

Por Dra. Constanza Burucúa
Western University
Arts & Humanities

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