Palabras de Paternidad

By on June 12, 2015

A propósito del Día del Padre

Normalmente, cuando pensamos acerca del concepto de paternidad, muy buenas palabras vienen de inmediato a nuestra mente, tales como “sabiduría”, “apoyo”, “integridad” y sobretodo “amor”. Sin embargo algunas personas pueden diferir en sus palabras respecto a este concepto, porque en ocasiones palabras como traición, abandono, violencia y hasta odio son un patrón de conducta regular en varias familias alrededor del mundo, sin importar sus nacionalidades, razas, recursos económicos o religiones.
Es cierto, es muy duro ser un buen padre, no es una tarea fácil criar a un hijo, ya sea dentro de un matrimonio o como un papá soltero, ambas situaciones requieren atención, conocimiento, e incontables recursos. Pero, ¿cómo uno puede llegar a ser un buen padre? ¿Cuál es la definición de una paternidad perfecta? Al parecer, solamente aquellos hombres que la han experimentado pueden decirlo, al igual que aquellos hijos que fueron criados por ellos. Conforme a la opinión de eruditos en este tema  de la paternidad la “legacía” debería ser la cosa más importante que los hijos deberían heredar de su padre.
La mayoría de la gente trabaja duro para llegar a ser perfectamente indispensables en sus trabajos, pero siempre hay alguien que puede y quiere superarlos, tomar sus puestos y hacer mejor su trabajo, por ello no vale la pena ser indispensables, ya que una vez que nos hemos ido, los demás nos olvidarán.
En cambio, si hemos hecho un buen trabajo de equipo, integración, respeto, soporte, comprensión y llegado a ser líderes verdaderos, entonces la gente nos recordará, porque fuimos auténticos y llegamos a ser memorables con una legacía firme, tan buena como la que un padre debería transmitir a sus hijos. Sin duda alguna, el “tiempo” parece ser la demanda más importante que los hijos requieren de un padre, especialmente cuando él se ha dedicado a trabajar tiempos extras con la finalidad de sostener a la familia entera, y la madre se ha enfocado en las labores domésticas. Por ello, los hijos desean pasar más tiempo con su padre, sin importar que tan elegante o simple sea el momento, siempre y cuando ellos sientan que su padre está con ellos, poniéndoles toda la atención y, participando en su curiosidad y aventuras infantiles. Un asunto polémico de la paternidad es tener hijos más consentidos que otros, donde la pequeña niña es frecuentemente la princesa de papá, y el niño lucha constantemente por superar al padre en todo sentido, convirtiéndose en enemigos. Y es precisamente en ese momento, cuando el padre se da cuenta que sus hijos jamás llegarán a ser lo que él quería que ellos fueran, y que la única cosa que puede asegurarles es el aprendizaje que ellos han recibido de su parte a lo largo de sus diferentes caminos de vida.
Por lo tanto, al igual que un maestro, un padre verdaderamente comprende que él puede enseñarle a volar a sus hijos, pero ellos no volarán su vuelo, que él puede enseñarles a soñar, pero ellos no soñarán su sueño, que él puede enseñarles a vivir, pero ellos nunca vivirán su vida, sin embargo en cada una de esas vidas, en cada uno de esos sueños, en cada uno de esos vuelos estará impregnada la huella del camino enseñado por su padre. La “Alegría” podría ser la manera más hermosa de comunicación y encuentro entre un padre y sus hijos, porque ningún buen presente y tampoco ningún futuro prometedor se construyen bajo la sombra de la tristeza, y cuando nos sentimos alegres, creamos un espacio positivo de crecimiento para los que nos rodean, de esta manera un buen padre debería enseñarle a sus hijos el derecho a ser felices, no solo la obligación de sufrir por ser castigados todo el tiempo.
Un problema recurrente entre las familias es que los hijos abandonan la infancia y los padres nunca abandonan la paternidad, por ello los padres deberían enseñar a sus hijos a envejecer con “dignidad” e “integridad”, de igual forma como cuando se escala una montaña, mientras se va subiendo las fuerzas disminuyen, pero la vista se hace más amplia más serena y sobretodo más  libre.
Mucha gente cree que si pones un caracol de mar sobre tu oreja, puedes oír los sonidos del mar, pero la ciencia ha demostrado que esta creencia es falsa, ya que al hacer esto no estamos oyendo  el sonido del mar, tampoco oímos el aire circulando dentro del caracol, lo que realmente estamos oyendo es nuestra propia sangre fluyendo a través de las venas y capilares de nuestra oreja por un sonido de efecto acústico que causa que podamos oírlo perfectamente. Ojalá que algún día los padres puedan enseñar a sus hijos, no solamente cómo oír el sonido del mar por medio de un caracol de mar, ojalá que también puedan enseñarles no sólo cómo “oír”, sino cómo “escuchar” a sus propias almas, pero sobre todo a sus propios corazones.

 

Por Javier Pérez Mandujano. Escribe desde la ciudad de Mexico, cuenta con 32 años de edad y le gusta escribir acerca de life coaching

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