Los Buenos Consejos

By on September 7, 2012

Reflexiones

Los Buenos Consejos

El problema que solemos tener con los buenos consejos que recibimos es que precisamente mientras más los necesitamos, más imposibilitados nos hallamos para seguirlos.

London, ON.- El desgaste emocional intelectual y moral del aconsejado hace que el consejo le parezca como tratar de llegar a la luna de un salto.

¿Perdonar a la persona que arruinó mi matrimonio? O ¿al violador de una hija?

O ¿al estafador que me dejó en ruina financiera?

O ¿dejar una adicción. . .?

Para estas cosas hace falta más que un consejo (por bueno que sea). De hecho, mientras más exaltado el consejo, mayor la dificultad.

¿Y si se trata de seguir el consejo de un Dios absoluto, perfecto, y santo? El apóstol San Pablo describe por todos esta impotencia que sentimos cuando nuestras más nobles intenciones chocan con la realidad de nuestra fragilidad humana. En su Epístola a los Romanos, capítulo 7, versos 14 al 24 dice: “Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”

Amigo, la condición descrita aquí tiene nombre: se llama ESCLA VITUD. El esclavo no tiene voluntad propia. La voluntad de otro impera en todo momento. No hace lo que quiere sino. . . Es esclavo. ¡Necesita un libertador!

El esclavo necesita más que meros consejos. Lo que requiere en verdad es liberación, redención, que un poder fuera de él rompa sus prisiones y lo ponga en libertad.

La ley de Dios (el mejor abstracto de la voluntad divina) tiene que consistir en más que consejos. Debe traer (si ha de servir de provecho) liberación, rescate, poder, y energía de lo alto. En otras palabras, la ley tiene que venir con las pilas incluidas. Y , sorpréndase usted, ese es precisamente el caso.

El Decálogo Divino comienza con poderosas buenas nuevas. Desafortunadamente muchos han dejado fuera el verdadero comienzo de los Diez Mandamientos, y por ello a muchos le ha parecido el decálogo un tanto frío y duro, como las piedras en que están tallados.

Veamos como comienzan en verdad los Diez Mandamientos, Éxodo 20:1, 2:

“Y hablo Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre”.

Originalmente la ley fue dada a ex-esclavos recién libertados de Egipto por el brazo poderoso de Dios por repetidos milagros de la Omnipotencia, no por obras de ellos, por la gracia de Dios.

Entonces está claro. . . hasta un niño puede verlo: la gracia precede a la ley. La gracia es la cuna de la ley, la ley es para gente redimida.

¿Te acuerdas del diagnóstico paulino de Romanos 7:14 al 24? Veamos el remedio que el mismo apóstol indica en los versículos que siguen, empezando con el 25: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro… Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 7:25; 8:1-4).

Sí, la ley es para los redimidos los que andan en el Espíritu.

Hay un solo Salvador que te sacó del Egipto espiritual, que te ama con amor eterno (según Jeremías 31:3), que murió por tus pecados y vivió para otorgarte su justicia. Ese Libertador es Jesús. Y si le invitas a tu corazón, el enviará a su representante, el poderoso Espíritu Santo, para que andes en el Espíritu, y no en los deseos de tu carne. He ahí las Buenas Nuevas, amiga, amigo, mío. Recibelo hoy, abrele tu corazón ahora mismo.

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