Las políticas del odio espolean una nueva era de activismo social, según AI

By on February 22, 2018

Las políticas del odio implementadas por varios gobiernos del mundo han espoleado la apertura de una nueva era de activismo social, según el informe anual sobre derechos humanos de Amnistía Internacional (AI) divulgado hoy.
La organización presentó por primera vez el documento en Estados Unidos, en Washington, para alertar de que “los pasos atrás” en derechos humanos dados por el presidente Donald Trump “sientan un peligroso precedente para otros gobiernos”.


“El claro movimiento de odio del Gobierno estadounidense en enero (de 2017) al prohibir la entrada de personas de varios países de mayoría musulmana preparó el terreno para un año en el que los líderes llevaron las políticas del odio a sus más peligrosas conclusiones”, indicó el secretario general de AI, Salil Shetty.
“Vimos la máxima consecuencia de una sociedad alentada a odiar, a usar como chivo expiatorio y a temer a las minorías en la horrible campaña militar de limpieza étnica contra los rohingya (minoría musulmana) en Birmania”, señaló.
En su anterior informe, Amnistía Internacional alertó del discurso del odio como amenaza a los derechos humanos y en este constata que “el mundo está viendo las terroríficas consecuencias de esa retórica”, que puede “normalizar la discriminación masiva contra grupos marginados”.
La otra cara de esta moneda es el “creciente movimiento tanto de activistas nuevos como experimentados que hacen campaña por la justicia social”, algo que “ofrece esperanza real de revertir el camino hacia la opresión”.
“Hay una sensación palpable de que los movimientos de protesta están en alza globalmente”, subrayó Shetty.
El análisis, que cubre 159 países, indica que las “políticas regresivas” han inspirado a muchas personas a unirse a batallas de larga data, con “importantes victorias” como “el levantamiento de la prohibición del aborto en Chile, los pasos dados hacia el matrimonio igualitario en Taiwán y la victoria trascendental contra los desahucios forzados en Abuya (Nigeria)”.
En esta nueva ola de activismo social destaca el liderazgo de la mujer: la “Marcha de las Mujeres” en Estados Unidos y con eco en todo el mundo; el movimiento “Me too”(yo también) contra el acoso y el abuso sexual y la campaña latinoamericana surgida en Argentina “Ni una menos” en denuncia de la violencia de género.
Sin embargo, alzar la voz contra la injusticia “se ha hecho más peligroso” y tiene un precio muy alto en algunos países del mundo: “centenares” de activistas fueron asesinados en 2017.
Uno de los “campos de batalla” clave es la libertad de expresión, en un momento en el que “líderes prominentes están dispuestos a promocionar noticias falsas para manipular la opinión pública”.
Los mayores “carceleros” de periodistas en 2017 fueron Turquía, Egipto y China, donde el Premio Nobel Liu Xiaobo “murió tras haber sido encarcelado por criticar al Gobierno”.
Amnistía Internacional enfrentó “amenazas” a su trabajo en Hungría, así como “arrestos sin precedentes” de sus trabajadores en Turquía.
No obstante, la organización llama a seguir manifestándose contra “la retórica de odio vista en eslóganes xenófobos en marchas nacionalistas en Polonia, la concentración supremacista en Charlottesville (EE.UU.) y las medidas severas generalizadas contra la comunidad LGTBI desde Chechenia hasta Egipto”.
“Las políticas de Trump puede que hayan marcado una nueva era de regresión de los derechos humanos, pero no son únicas. Si miras de Australia a Hungría, los líderes han tratado desde hace tiempo a los refugiados e inmigrantes como problemas a ser evitados, no como seres humanos con derechos que merecen nuestra compasión”, indicó Shetty.
Por otro lado, el informe alerta de que millones de personas en todo el mundo enfrentan un acceso cada vez más precario a la vivienda, la comida y la sanidad, una situación que si no se afronta de base tiene “un enorme potencial para una agitación social aún mayor”.
“De Venezuela a Irán, estamos siendo testigos de una formidable extensión del descontento social”, apunta.
Venezuela es uno de los países señalados en el informe por enfrentar “una de sus peores crisis de derechos humanos en la historia reciente”, con una “situación política caótica” y “una crisis de suministros alimenticios y médicos en deterioro que lleva a miles a protestar”.
En general en el mundo, se constata un aumento de los ciudadanos que alzan la voz y piden justicia.
“En lugar de intentar silenciar a estas personas (…), los gobiernos deben abordar sus preocupaciones y empezar a aflojar las restricciones en los medios y la sociedad civil”, pide AI.

Cristina García Casado

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