La vida de las palabras

By on September 30, 2018

Aunque soy lingüista, no me especializo en la etimología de las palabras. Creo, sin embargo, que para muchas personas las palabras representan la lengua de una manera muy importante, y su historia nos fascina a todos. En el español hay entre 100 000 y 150 000 palabras, y cada una de ellas tiene una historia.

Nuestra actitud ante las palabras también dice mucho sobre cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo vemos a otros. Muchos de nosotros insistimos en hablar el español ‘castizo’, el único que es correcto y el único que representa nuestros valores culturales. Voy a dar algunos ejemplos que indican que tal vez este español castizo, representado xpor los grandes autores de la literatura, realmente no existe.

Todos sabemos que el español se deriva del latín, y asumimos muchas veces que solamente las palabras que vienen directamente del latín deben ser aceptadas. Y es cierto que el español es una lengua romance. Una de mis citas favoritas viene de la historia de la lengua española escrita por el autor inglés Ralph Penny:

‘Latin is the ancestor of Spanish… in the sense that there is an unbroken chain of speakers, each learning his or her language from parents and contemporaries, stretching from the people of the Western Roman Empire two thousand years ago to the present population of the Spanish-speaking world. An alternative…is to say that Spanish is Latin…’ (Penny 2002, p. 4)

Me encanta la idea de pertenecer a esta cadena de hablantes que comienza con el imperio romano y continúa hasta hoy en día. Pero es obvio que a lo largo de su historia el español ha entrado en contacto con muchas culturas, y que estas han contribuido a la riqueza de nuestra lengua. Negar esta influencia es negar nuestra historia. Aparte de este hecho, muchos de nosotros tenemos ideas un poco erróneas sobre las palabras que usamos. Aquí hay algunos ejemplos, no muy serios, un poco graciosos.

Una vez en una reunión una señora se enojó bastante conmigo. Según ella, el español de España era el más puro, y el que hablaba yo, de Colombia, estaba lleno de anglicismos. ¿La evidencia? En Colombia llamamos a un automóvil carro, en España se dice coche. Obviamente carro viene de la palabra inglesa car, ¿verdad? Pues no, no es verdad, carro viene directamente del latín. ¿Y la palabra coche? Se cree que viene del húngaro. Las dos palabras existen en la mayoría de variedades del español. Cuando se inventó un nuevo vehículo, cada cual escogió una palabra que ya existía en su lengua. Carro todavía existe en España, y coche en Colombia, pero en cada cultura el significado se aplicó de manera diferente. Las dos palabras son válidas, ninguna es mejor que la otra.

Cuando llegué a Montreal hace mucho tiempo me hizo gracia que muchas personas hablaban de las carotas en vez de las zanahorias. Esa palabra no existe en español, pensé yo. Y es cierto, no existe. Lo interesante es que zanahoria probablemente viene del árabe, carota viene del latín. En inglés se usa carrot porque el inglés recibió muchas palabras del francés (carrotte). Al fin de cuentas, los ingleses fueron invadidos por los franceses de Normandía, de igual manera que España fue invadida por los árabes, aunque en distinta época. Es decir, si existiera, carota sería una palabra absolutamente castiza.

Recientemente en una clase una estudiante puso en la pizarra un ejemplo en árabe, usando letras latinas claro está. El ejemplo incluía esta palabra: alshokolata (al es el equivalente al artículo definido el es español). Esta palabra se pronuncia chokoreto en japonés, sokolata en griego, shokolad en ruso, chokalet in hindi. No les parece maravilloso que una palabra del náhuatl, la lengua del imperio azteca, se haya prestado primero al español, para luego expandirse por todo el mundo? En cuanto al producto, el chocolate, la contribución hispana consistió en agregarle el azúcar. Los aztecas consumían chocolate en platillos como el mole, que aún hoy se come en México.

El último ejemplo de un préstamo que me sorprendió muchísimo es el de la palabra fulano. No solamente viene del árabe, sino que su uso en árabe es similar al español. Entiendo que los hispanos hubieran tomado prestadas palabras como ojalá, álgebra y alcohol. Pero por qué sintieron la necesidad de referirse a una persona cuyo nombre desconocían con la palabra fulano?

 

Espero que este resumen poco serio de las palabras del español haya hecho surgir en Uds. el deseo de saber más sobre la vida de las palabras.

 

Prof. Joyce Bruhn de Garavito, PhD

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