La pizza que vale una visa estadounidense

By on August 13, 2019

stados Unidos concede el visado de trabajo O-1 a quienes poseen “habilidades extraordinarias” en ciertos campos. Las del italiano Renato Viola residen en la pizza y así se lo reconoció el país donde se asentó y desde donde ha extendido sus negocios, además de en Miami (EEUU), en Nápoles (Italia) y Madrid (España) 
Dispuesto a seguir el sueño americano, se instaló en Miami y en ocho meses consiguió esa visa gracias a sus pizzas, cuyo secreto está en una masa fina y crujiente con una selección de harinas creada por él y preparadas en un molino italiano, asegura a Efe, y en utilizar “ingredientes frescos y de primera calidad”, que van desde la tradicional mozzarella de búfala hasta café molido.
Otro de sus secretos es la fermentación de la masa, entre 72 y 96 horas, que la hace “muy ligera y más digestiva”, y haber conseguido “regularidad” en todos sus restaurantes. 
Sólo entre los tres restaurantes que tiene en Miami con el nombre de Mister O1 Extraordinary Pizza vende una media de 1.300 pizzas diarias, horneadas entre 3 y 4 minutos a 320 grados en hornos eléctricos. 
Entre las preferidas están las ‘stars’, en forma de estrella de ocho puntas rellenas de queso riccotta, con cuatro variedades distintas e ingredientes que van desde las verduras al salami picante o el salmón.
“Estoy viviendo mi sueño de llevar mis pizzas por todo el mundo”, dice en su desembarco en Madrid, de la mano del empresario Carlos Galán, del grupo de restauración La Misión, no sin antes probar “30 pizzas en 3 días antes de abrir”. 
Viola, que cocinó la primera a los 4 años -“para mi madre, una margherita”- y reconoce comerlas a diario, fue integrante del equipo italiano de pizza acrobática y con él recorrió el mundo dándose cuenta de que “la pizza ya no es sólo italiana, es internacional”, de que se trata de “el plato más vendido del mundo” y de que gusta “a casi todos”.
Formado en la escuela italiana, quiso llevar a Estados Unidos “pizzas un poco gourmet” y con ellas consiguió el visado que, entre otros, se concede a los premios Nobel extranjeros que quieren instalarse en el país. “Compran talento, en mi caso talento pizzero, pero también de deportistas, de científicos, de médicos… Son muy inteligentes en eso”.
Asegura que no hay ingredientes que no lo quepan a la pizza, incluida la piña. “A los latinos les encanta y en Miami se la ponemos; en Italia me matarían”, admite quien concede que “es una cuestión de gustos” y que él respeta todos.
Por eso se atreve con las pizzas dulces -de Nutella y calzone de Nutella y plátano- y con combinaciones como la de la Coffee Paolo: salsa de tomate italiana, mozzarella fior di latte, gorgonzola, miel, café molido, salami picante y albahaca.
“Ésa la soñé. Sueño con pizzas, trabajo hasta cuando duermo porque este mundo necesita mucha dedicación. Eso sí, cuando pienso en una nueva controlo los ingredientes, siempre frescos, para que no resulte cara”, asevera Renato Viola, ya convertido en uno de los ‘pizzaiolos’ más populares del mundo. 
En su local de Madrid, donde espera tener buena recepción porque “a los españoles les gusta comer bien y socializar con la comida, igual que a los italianos, las más caras no llegan a los 14 euros.
Y eso que fue el autor de la pizza más cara del mundo, una que diseñó a petición de un cliente para un aniversario de boda, llamó Luis XIII y luego ofreció como servicio especial a domicilio, que incluía cocinado en casa, servicio y una botella de exclusivo champán, todo ello por 8.300 euros. 
Con varios tipos de caviar, langosta roja, langostinos del Cilento (sur de Italia) y una rara y escasa sal rosa australiana, Viola justifica el precio en la calidad de los ingredientes -“no se trataba sólo de poner cosas caras, sino de hacer algo conjuntado”- y el servicio completo que acompañaba el pedido. 
No obstante, su pizza más cotizada es la que le ha valido la visa de trabajo O-1. 

Pilar Salas

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