La película ecuatoriana “Huahua”, una profunda reflexión sobre la identidad

By on August 6, 2020

La lineal definición que se puede encontrar en los diccionarios sobre la palabra “identidad” choca con el abanico de conceptos desplegado en la película ecuatoriana “Huahua”, que invita a profundas reflexiones sobre el tema, a partir del inesperado embarazo que afronta una joven pareja.

Aunque ambos son indígenas, el hecho de que el futuro padre haya nacido en la ciudad y no en una comunidad los enfrenta a una pregunta que cala en los cimientos de sus historias y sacude sus realidades: ¿dónde criar al bebé que esperan?.

“Yo soy indígena”, dice ella. “A mi me han dicho que ya no soy indígena”, comenta él, en uno de los diálogos de la película de 71 minutos, en la que hablan de la importancia de mantener las características de su nacionalidad, la quichua de Otavalo, pero sin cerrarse al mundo.

DIVERSIDAD DENTRO DE LA DIVERSIDAD

Joshi Espinosa, director de la película, comentó a Efe que el nombre de su ópera prima tiene que ver con la palabra “guagua”, que significa niño en quichua.

La idea de la obra nació hace varios años y pretendía ser un cortometraje, gracias a unos 13.000 dólares ganados en un fondo concursable gubernamental.

Pero como el tema daba para reflexiones desde variadas aristas, Espinosa y la productora, Citlalli Anrrango, convirtieron la idea en un largometraje, en el que invirtieron 75.000 dólares de fondos propios, préstamos y aportes de gente solidaria.

Y aunque ya ha sido transmitida en dos festivales ecuatorianos y en otros en Cuba, EEUU, Nueva Zelanda y Suiza, “Huahua” se transmitirá desde este jueves para Centroamérica y Latinoamérica en la plataforma www.zine.ec, debido al confinamiento por la COVID-19.

Los 18 pueblos y 14 nacionalidades indígenas de Ecuador son una muestra de la diversidad poblacional que aborda el film. Pero incluso dentro de estos hay características diferentes.

Hijos de familias quichuas, “desde afuera parecería que somos del mismo grupo, pero somos, en realidad, familias muy diversas”, dice Anrrango al anotar que Joshi es quichua urbano, de la ciudad de Otavalo, y “parte de su identidad es que sus padres son cristianos”.

Hija de madre mexicana y padre quichua, Anrrango nació en la comunidad de Turuko, una confluencia que le ha despertado muchas interrogantes sobre la identidad, la crianza de los hijos, sobre los legados culturales y las influencias externas.

En medio de esas y otras preguntas, Anrrango sostiene que han sacado en claro que “la identidad no es una camisa de fuerza y que dentro de una persona pueden convivir distintas identidades, que no hacen que una sea mejor a otra, sino que se enriquecen”.

NUEVAS IDENTIDADES

Director y productora, ambos protagonistas en la película, Espinosa y Anrrango escudriñan también en las nuevas generaciones, que tienen un “mundo totalmente abierto con internet y redes sociales”, y por lo tanto, mayores influencias externas.

Reflexionan, asimismo, sobre el hecho de asumirse como quichuas en la modernidad y de las distintas maneras de expresión cultural, como la música.

“Unos hablan de que se puede mantener la esencia de la identidad, a partir de nuevas tendencias musicales como el reguetón, pero cantado en quichua. Otros sostienen que es importante recuperar la música tradicional, las historias de los abuelos”, dijo Espinosa.

Exmigrante, excomerciante, youtuber y músico, Espinosa cuenta que en Otavalo la gente viaja mucho al extranjero, lo que ha hecho que en la zona haya más apropiación y que no se pierda la identidad.

“Hay elementos que vienen de fuera, los transformamos, los hacemos nuestros y de esa manera esta identidad quichua se sigue modificando, pero sigue manteniendo la esencia”, opinó.

Mientras navegaban en los conceptos de la identidad durante la filmación sacaron en claro que no pueden caer en estereotipos.

Por ello, aunque la recuperación del idioma es fundamental en la construcción de la cultura, “no podemos decir que quienes no hablan quichua no son indígenas”, indicó a Efe Anrrango al poner como ejemplo a los hijos de quichuas, que viven en el extranjero, pero que no aprendieron el idioma ancestral.

Con cuñadas de diferentes países, Espinosa asegura tener sobrinos en el exterior. Uno de ellos “altote, rubio, no habla español, no habla quichua, habla inglés, pero tiene el cabello largo”, una de las características de los quichuas, que le inculcó su padre.

“La idea de la pertenencia termina siendo importante para definir una identidad”, sostuvo antes de recordar una fiesta ancestral en la andina Otavalo, a la que los jóvenes normalmente acuden con elegantes trajes tradicionales y sombrero.

No obstante, un día asistieron a ella quichuas que residían en Chile, con ropa moderna, peinados diferentes, pero todos hablando quichua, y se encontraron con quichuas urbanos, que residían en Otavalo y vestían el atuendo tradicional, el largo cabello recogido en trenza a la espalda, y que se comunicaban en español.

Entonces ¿Cuál de los dos grupos se puede decir que mantiene la identidad?, se preguntó al insistir en la importancia de reconocer las nuevas identidades y la complejidad de las diversidades. Susana Madera

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