De deseos, perversiones y otras cosas

By on February 7, 2018

Siempre me ha interesado la literatura. Siempre me han seducido las historias, la ficción, los mitos, las posibilidades. Sin embargo, mientras más me adentro en todas estas historias, más me doy cuenta de que no es precisamente cierta aquella ingenua idea de que la literatura es solo para entretenernos. Yo más bien diría que la literatura, como el arte en general, está ahí para dar cuenta de lo humano. Y lo humano no solo abarca lo bello, los ideales más altos o los sentimientos más sublimes. Lo humano es también el lugar de la oscuridad, de la perversión y de lo prohibido.

La literatura se ha erigido como un campo de juego en donde se dan cita las pulsiones más profundas de lo humano. Pulsiones creadoras, pero también destructoras. Quizá de ahí la universalidad de la literatura puesto que, así como ha mostrado los sentimientos más nobles, también ha creado espacios de emergencia de las represiones o los impulsos escondidos. De acuerdo con Freud, los deseos prohibidos deben encajonarse para que podamos convivir en sociedad. Sin embargo, como hemos sido testigos, limitar estas pulsiones no implica que realmente desaparezcan y, mucho menos, que dejen de ser parte de lo humano. Por ello, la literatura y el arte han podido manifestar aquello que, aun oculto, permanece.
Como estudiante de literatura en Western me he enfocado en explorar todas estas facetas de lo humano, manifestadas en las escritoras mexicanas contemporáneas. Los temas más polémicos me han atraído siempre, y es la fascinación por lo prohibido y la manera en que se recrea en la literatura lo que me ha llevado a estudiarlo.
Una excepcional novela corta que aborda estos temas es Las violetas son flores del deseo de la escritora mexicana Ana Clavel. En ella, la autora indaga hacia la comprensión del deseo primitivo, aquel “que te lleva a salir de ti y tratar de casi devorarte al otro”. En esta novela la autora relata la búsqueda de Julián Mercader por enfrentar sus deseos más oscuros y por exorcizar la pulsión de un erotismo prohibido bajo el nombre de Violeta.
De la misma manera que en el mito de Tántalo (quien por más que intenta satisfacer su deseo, nunca puede lograrlo), Mercader sabe que no puede saciar su deseo por Violeta, por lo que diseña y produce muñecas llamadas “Violetas”. Estas son la válvula de escape para Julián y otros hombres con deseos similares, por lo cual tienen gran éxito en el mercado, debido a sus características físicas.
Con esta novela, la escritora se interna en los límites prohibidos de la psique humana, en los deseos, perversiones y pulsiones más oscuras y prohibidas. Se trata de una novela en donde se explora, a decir de la autora, “el fetichismo erótico masculino”, tema que ya ha sido abordado por Nobokov en Lolita o Filisberto Hernández en Las Hortensias.
Esta es una novela ágil, con lenguaje sencillo y directo, crudo y sensual: una novela que trae a discusión la temática entre los límites del deseo y la manera en que lidiamos con nuestras propias perversiones.

Por Elba Debo Colis
Estudiante, Western University

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