Descubra a Jesús en esta Navidad

By on December 28, 2015

El planeta Plutón fue descubierto en 1930. Para lograrlo, un joven astrónomo de 24 años de edad, Clyde Tombaugh, comparó imágenes estelares durante todo un año por medio de un nuevo equipo que permitía superponer tomas fotográficas. Al saber que las distantes estrellas permanecerían en el mismo lugar y un planeta cambiaría de lugar, pudo identificar el planeta X —que ahora conocemos como Plutón—, cuya luz es 4.000 veces más tenue que la de la estrella menos brillante.

Plutón ha atraído el interés de los astrónomos como el planeta más remoto del sistema solar. Es también el más pequeño, el más oscuro y el más frío. El único planeta sin explorar de aquellos que acompañan al Sol en su viaje por la Vía Láctea. Otros detalles interesantes sobre Plutón son:

1. Su órbita alrededor del Sol toma 248 años y es bastante irregular, a veces mucho más cerca y a veces mucho más lejos de los otros planetas. Nadie sabe lo que contiene su atmósfera. Un día en Plutón dura seis días y nueve horas en la Tierra. Es el único planeta descubierto en el siglo XX.

Solo hay un problema con Plutón. En 2006, una mayoría de los investigadores reunidos como parte de la Unión Internacional de Astrónomos, en Praga, República Checa, votaron una nueva definición de planeta que dejó a Plutón en la categoría de “planeta enano”. Las razones son su tamaño pequeño y que no domina claramente su sistema, por ser solo un poco más grande que su luna, Caronte.

Este mes nos toca hacer otro tipo de descubrimiento. En medio de las luces enceguecedoras y la alegría de una Navidad secular y comercializada, hemos de descubrir el verdadero centro y razón de ser de la festividad. Detrás de la tradición, con sus regalos y festejos, se encuentra la tenue imagen de un pesebre y una criatura. Al igual que el furtivo Plutón, el descubrimiento de Jesús requiere cierto esfuerzo y persistencia. Pero a diferencia de Plutón, Jesús mantiene su mismo brillo e importancia hasta nuestros días.

En verdad, nos conviene concentrarnos en lo más importante. Todo lo que sucede en esta época puede distraernos y apartarnos de Jesús. Los regalos, el arbolito, las reuniones familiares y los alimentos típicos de la época, son apenas el envoltorio de un don mayor: la dádiva del Hijo de Dios a un mundo sin esperanza.

Para algunos, la Navidad es la temporada más triste del año. A algunos les tocará pasar la primera temporada navideña sin la presencia de un ser querido; quizá nos falte un padre, o la compañera de toda una vida. Otros son sacudidos por la discordia en la familia; mientras que otros se ven atacados sin tregua por la enfermedad. Cualquiera de estas cosas destaca la superficialidad de dejarnos absorber por los aspectos tradicionales y comerciales de la Navidad. Estos aspectos son secundarios, y a menudo nos desvían de aquello que tanto necesitamos.

Este año descubramos a Jesús. El Niño de Belén era el astro más brillante en el firmamento de la historia. En él se concentró el amor, el poder y la bondad del universo. La gloria velada de mil soles se ocultó entre las sábanas de un pesebre. El Creador había venido a ser uno con su creación.

Quizá nunca lleguemos a comprender a la perfección el misterio de la encarnación, pero sí podemos descubrir su significado y su propósito. En los comercios y en las fiestas de Navidad encontraremos alegría volátil y pasajera. A Jesús lo encontramos en las páginas de la Biblia y en la meditación serena. Él está esperando en los Evangelios, las epístolas y los Salmos para que lo descubramos con paciencia y fidelidad. Cuando veamos a Jesús, no simplemente la imagen del divino Infante en el establo, sino al Salvador y Redentor de nuestras almas, entonces todo lo demás se empequeñecerá ante la magnitud del mayor descubrimiento de todos.

 

Editor invitado, Miguel A. Valdivia      

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